Las abejas usan los hongos como medicina (y esto podría evitar su extinción)

Las abejas son insectos que poseen un gran valor para el ser humano, aunque desde hace un par de años, se encuentran en peligro de extinción.

Recientemente las abejas han experimentado lo que los expertos catalogan como “colapso”, que se traduce en la muerte de cientos de ejemplares de forma repentina.

Esta masiva muerte de abejas pone en peligro la existencia y supervivencia de sus comunidades y por ende, representa un peligro para la propia especie. Una extinción que además afecta la polinización de las flores y el crecimiento de los alimentos que el ser humano consume regularmente.

Según el investigador mexicano Ernesto Guzmán-Nova existen diversas razones detrás del colapso de estos insectos. Como el uso masivo de pesticidas tóxicos, la contaminación del aire que les dificulta encontrar las flores además del cambio climático que afecta sus ciclos naturales.

Por lo que diversos científicos y expertos se encuentran preocupados por encontrar una cura para prevenir este colapso de las abejas. Con el objetivo de proteger la existencia de la especie cuya extinción podría poner en peligro al ser humano, la flora y a la naturaleza en general.

Las abejas buscan sobrevivir a través de los hongos

Mientras los expertos buscan una posible solución para esta problemática, las abejas han encontrado su ayuda a través del extracto de determinados hongos para curarse de esta situación. Así lo afirmó un estudio publicado en la revista “Nature”, donde se analizaron a dos grupos de abejas.

El primer grupo se alimentó con jarabe de azúcar mezclado con extracto de micelio fúngico (unos filamentos presentes en los cuerpos del hongo). Este grupo logró desarrollar defensas contra dos de los virus que están causando el colapso de la especie.

Por su parte, el segundo grupo que sólo se alimentó con jarabe de azúcar resultó con mayores probabilidades de contraer ambos virus. Un importante estudio llevado a cabo principalmente por las propias abejas.

Previamente en 1984, el micólogo y activista Paul Stamets, descubrió que las abejas se alimentaban de los hongos que usaba para sus investigaciones. Y aunque inicialmente pensó que se trataba de un interés por los azúcares naturales presentes en los hongos.

Stamets, quien sabía que el micelio fúngico se trataba de un importante antiviral, se cuestionó si en realidad, las abejas se encontraban auto-medicándose con estos hongos.

Esta premisa le llevó a colaborar con Walter Sheppard, jefe del Departamento de Entomología de la Universidad Estatal de Washington. Juntos estudiaron los efectos del micelio lo que derivó en la investigación citada por Nature, la cual contiene los resultados de sus experimentos realizados a lo largo de 12 años.

Próximamente, Stamets y su equipo podrían estar probando los efectos de esta inusual cura sobre distintas colonias de abejas, con el objetivo de detener el colapso. Un resultado ampliamente esperado dado que de resultar efectivo podría representar una ayuda para la especie así como para la humanidad y el medio ambiente.