No existen niños difíciles, lo difícil es ser niño en un mundo de gente cansada, sin paciencia y con prisa

 

La rutina diaria, las responsabilidades y obligaciones pueden agotar a los padres quienes tras un día de trabajo, deben atender a sus niños.

Las complicaciones del día a día, el cansancio y la inagotable energía de los niños, puede convertirse en un problema dentro del hogar.

Una problemática por la cual normalmente se responsabiliza a los niños, al considerarlos como difíciles de educar y de criar en general. Sin tener en cuenta, que la responsabilidad detrás de esta situación, no recae sobre los pequeños, sino en los adultos.

Y es que un adulto agotado física, mental y emocionalmente lo que más desea es experimentar es un momento de calma, descanso y tranquilidad. Un estado que normalmente no se logra fácilmente con la presencia de los niños en el hogar. Ya que su energía natural y alegría busca la atención y cariño de sus padres.

Es por ello que se les tiende a catalogar como niños difíciles, ya que son pequeños inquietos, ruidosos, alegres, emotivos y coloridos. Una característica común de los más jóvenes, pero que para muchos padres agotados, representa un defecto difícil con el cual lidiar día tras día.

El problema no son los niños, sino los adultos agotados e impacientes

La sociedad moderna está llena de movimiento y ajetreo, dado que se encuentra en un constante proceso de avance y evolución. Esto conlleva a que las personas se adapten a este estilo de vida rápido e impaciente, capaz de exprimir toda la energía que los individuos poseen.

Precisamente por ello, es que los adultos buscan un espacio de relajo y calma en sus hogares tras experimentar la ardua rutina de trabajo. Sin recordar que en casa, los niños le esperan ansiosos por contarle las aventuras, aprendizajes y experiencias obtenidas durante su día.

Una actitud llena de energía y brillo que resulta agotadora para los propios padres, quienes catalogan a sus hijos como niños difíciles debido a ello. Cuando en realidad, se trata de adultos agotados, que no logran empatizar ni intentan comprender, que los pequeños no cometieron ningún error.

Los niños tienden a correr, gritar, experimentar y jugar con su entorno, creando aventuras dentro de su imaginación. Un momento que normalmente buscan compartir con sus padres, para demostrar lo divertido de su mundo de juegos. Un escenario que para un adulto agotado, representa una pesadilla en la vida real.

Es precisamente por ello que es importante que los adultos reconozcan su culpa en este tipo de situaciones. Dado que no se trata de niños difíciles de criar o complacer, sino de padres agotados, sin la energía, interés o motivación para llegar a casa y jugar con sus pequeños.

Los niños son solo niños en búsqueda de amor y cariño de sus padres, a quienes buscan impresionar con sus logros del día a día. Un evento, que muchos adultos no aprecian realmente y culpan a los más pequeños, sin darse cuenta, de su propia responsabilidad en dicha situación.